Me encuentro realizando un programa de empleabilidad juvenil en la comuna de Villa Alemana.Un programa que busca generar competencias básicas para que la persona participante encuentre un empleo o inicie una microempresa de subsistencia.
Tengo serias aprensiones respecto a este tipo de programas, sobretodo en cuanto terminan siendo, en muchos casos, un llenado de formularios sin poner el foco en el servicio hacia quienes está dirigido el programa. Y pese a eso decidí aceptar el desafío...
Comienzo el primer día invitándolos a presentarse, a aparecer... qué dificil es aparecer en un espacio donde ser pobre, ser joven y cesante son entendidos casi como enfermedades de este modelo exitoso... Entonces rápidamente y casi como un estado de ánimo colectivo aparece la verguenza...
Recuerdo la reconstrucción de la verguenza... "juzgo que he roto estándares de la comunidad... juzgo que esto afecta negativamente mi imagen pública... declaro querer desaparecer. Coherente ¿no?.
Seguimos el taller y comenzamos a jugar... desaparece la verguenza, comienzan a ser más "apropiados" para lo que están haciendo, se reconocen, se ríen, se encuentran y aprenden... la verguenza comienza a desaparecer.
Al final... "qué se llevan"... aparece la gratitud, la confusión, las ganas, las ganas de atreverse. En las últimas sesiones todos hablan, opinan, participan. Ya no son inapropiados... ya pueden ser empleables.











Te felicito, Pablo, por tu trabajo. Esta experiencia que nos cuentas de Villa Alemana nos habla de los grandes cambios que podemos hacer en las personas y en las organizaciones si contamos con expertos como tú. Debiéramos invertir más en las personas, sólo así alcanzaremos el auténtico desarrollo.
Un abrazo,
Edo.